Han pasado tantos meses desde la última vez que lo vi y todavía puedo sentir que me duele. Aunque a decir verdad, que duela es mejor a no sentir. Y es que después de estar tanto tiempo aletargada, ya no veía, no sentía, no pensaba, simplemente me acostumbraba lentamente a malvivir. Tal vez todo el mundo notaba lo que pasaba, pero nadie se atrevía a hacer algo al respecto. Finalmente, no era su responsabilidad. Era la mía. Y sin embargo, lo permití.
Rodrigo era el hombre perfecto; alto, guapo, amable, buena onda, romántico y todo un caballero. Me gusto desde el primer instante. El siempre dijo que era la mujer que había soñado, reservada, callada, prudente, tierna. Así que empezamos nuestra relación casi inmediatamente. Para mí, era un sueño, me sentía importante pero al mismo tiempo me sentía un poco insegura pues nunca imagine tener a mi lado a un hombre como él a mi lado. La manera en como hablaba y me llevaba de su mano, me sentía bien al saber que se encelaba de mis amigos y hasta de que pasara tiempo con mi familia. Me quería todo el tiempo para él, eso me hacía sentir especial. La verdad, siempre sentía mucho miedo de perderlo, de quedarme sola. Así que trataba de amoldarme a lo que esperaba de mi, que si la ropa, mis amistades, mi tiempo, mi vida. Poco a poco, fui cambiando lo que fuera necesario para que estuviéramos bien, para hacerlo feliz. Pero, las exigencias cada vez se hacían mayores. La revisión del celular, del correo, preguntarle que quería que usara para salir, permiso para ir a visitar a mis tíos, autorización para tener amigas, porque amigos hombres ni soñarlo; cuidarme de no decir comentarios tontos, o que pudieran incomodarlo, mirar o hablar a algún otro chico en su presencia, absolutamente prohibido o con toda seguridad se armaba un gran problema, en el que después de insultarme y gritarme en público me quitaba el habla por días, lo cual me dolía inmensamente. Las personas se alejaron poco a poco de mí, especialmente cuando no aceptaba que algo andaba mal, cuando me empeñaba en justificar lo que sucedía.
Quisiera decir que el relato, es algo que se encuentra fuera de la realidad, pero por el contrario tengo que decir que apenas si se acerca a ella. ¿Cuantos de nosotros hemos vivido, escuchado, o conocemos a alguien que tiene una relación con estas características? Probablemente la mayoría de nosotros sabemos de este tipo de relaciones, en las que pareciera que lo único que une a las personas involucradas es más el dolor que el amor. Y casi para afirmar que hasta disfrutan sufrir. En el relato anterior, observamos ciertas palabras que destacan del resto, esas palabras nos señalan entre otras cosas, las características de una relación destructiva. Podemos identificar a partir de ellas, que elementos como una baja autoestima, el contexto familiar y social son factores determinantes para que las relaciones destructivas fructifiquen.
RELACIONES DESTRUCTIVAS
¿Qué es el amor en las relaciones de pareja? Son sentimientos, intereses, afectos, carencias y coincidencias que unen las voluntades de dos personas. En inicio, las relaciones en pareja se dan por esta fuerza gravitacional de atracción, admiración y necesidad, sin embargo dado el grado de profundidad y necesidad emocional y afectiva, nos abandonamos en las mieles del efecto mariposa, del suspiro, de las endorfinas que reaccionan en nuestros cuerpos tras los primeros besos, caricias, consideraciones, consentimientos, excitaciones y nos olvidamos de lo sustancial que son lo HECHOS de VIDA.
El amor en ocasiones se conforma de lo que escuchamos, vemos y olemos, sin embargo el amor nace a partir de lo que somos, no de ideales frustrantes.
Si hablamos de relaciones de pareja destructivas tocamos el punto medular de un origen propio muy deteriorado que lejos de provocar en alguien felicidad, provoca sufrimiento, angustia, rencor, frustración y una forma de vida poco creativa, trascendente, plena. Esta voluntad que tenemos cuando amamos a alguien de dar lo que poseemos para crear bienestar a la pareja, no parece manifestarse en las relaciones de pareja destructivas, carece en todo sentido de buenos deseos, desarraigados y producto de inseguridades, temores y mecanismos duros de defensa de la pareja que lo sufre o del que lo provoca.
Cuando la pareja usa la violencia como su forma habitual de demostración de cariño y comunicación, podemos pensar que se trata de una pareja masoquista. Pero en realidad muestra que hay pocos casos de separación de estas parejas, estas parejas (victimas) si
guen viviendo juntos a pesar de la vida de sufrimiento que llevan.
Convivir con una pareja ejerciendo violencia emocional física o psicológica, o bien ejerciendo ambos la violencia ya que está instalada en la vida cotidiana, genera un estado de ansiedad que gradualmente crece y que puede tornarse “generalizada”, la cual en casos de sufrirla largo tiempo puede traer miedos, fobias, estados de pánico, angustia, y demás, buscando el alivio por lo general en los fármacos, ansiolíticos, etc.
Debemos recordar que este tipo de relaciones se sustenta en un círculo vicioso en el cual existen tres momentos de acuerdo a la Psicóloga norteamericana Leonora Walker. El primero que es la acumulación de tensión, que se caracteriza por enojo, discusiones, acusaciones y mal decir. Después se pasa a la explosión de la violencia, que incluye uno o los diversos tipos de violencia: pegar, cachetear, patear, herir, abuso sexual, abuso verbal y puede llegar hasta el homicidio. Y finalmente, el período de calma en el que viene la calma y reconciliación, en este momento se promete que no volverá a ocurrir. Desgraciadamente, esto difícilmente sucede así, ya que cada vez que se repite con mayor intensidad.
Es importante mencionar que las relaciones destructivas son como las adicciones, entre más tiempo se pasa expuesta ella, el individuo se hace más dependiente de la relación, haciendo más difícil la separación, requiriendo de ayuda profesional. Para salir de esta situación, se necesita en primera instancia que los involucrados reconozcan el problema, romper el anonimato de la violencia; hablando con familiares y/o amigos, hacer conciencia de que merecen vivir mejor y buscar orientación y ayuda con un especialista.
¿Cómo saber cuando estamos en una relación destructiva?
Cuando sientas que vas en contra de tu bienestar emocional, intuitivo, físico, afectivo, humano, cuando alguien no te haga sentir amado, respetado, valorado, dignificado, cuando alguien te maltrate físicamente, psicológicamente, entonces es momento de partir, no sientas temor porque el amor es una decisión y es propia, nadie ni nada, puede inferir en tu amor propio, sólo tu mismo puedes determinarlo, considera que de la manera que te ames, recibirás el mismo amor. Por eso pregúntate si es correcto un amor sufrido o sacrificado, en estos momentos ese concepto ha pasado a ser leyenda o mito, ningún buen amor, edificante y sano, es un amor destructivo, en contra de tu naturaleza, entiéndase como naturaleza, la paz y tranquilidad que te produce ser libre, alegre, digno.
CONCLUSION
En nuestro país, de acuerdo a los resultados de la encuesta realizada por el Instituto de la Juventud e Instituto Nacional de las Mujeres realizada en el año 2004, nueve de cada diez parejas jóvenes viven una relación destructiva. Lo que nos indica de manera alarmante la magnitud del problema, y notar la poca atención y prevención que se da a la violencia desde el noviazgo. Lo cual, nos lleva a pensar en el círculo vicioso que se genera, es decir; si las parejas jóvenes se encuentran viviendo relaciones destructivas en su noviazgo, con toda seguridad se terminará reproduciéndose la violencia a nivel familiar.
Ahora bien después de lo que ya planteamos sí quieres salir realmente de este “círculo de violencia” porque hemos escuchado muchas veces decir “Ella no quiere salir de ahí, está en su zona de confort a pesar de que es maltratada…” Pues la lógica de la razón nos dice que esto es ENFERMO y no podemos tolerar el MALTRATO; sin embargo hay mujeres que se quedan ahí. Esta zona de violencia se transforma con los años y la zona de confort como algo normal y natural para la vida cotidiana de una mujer, entonces esta rara naturalización la paraliza en este lugar de maltratos por años y quizá pasen muchos más recibiendo violencia, menosprecios etc. Por parte de su pareja.
Esta realidad que se da en miles de casos en donde la mujer regresa siempre a la misma relación de violencia y maltrato por lo general, esta ligada con mujeres que ha sido víctimas de violencia, abandono, y abuso infantil en alguna etapa de su vida. Si te sientes identificada con esto, te pido que “No te dejes” “Despierta” “Reacciona”… Tienes que salir de esta forma de vivir. Fuera de esto existe una vida DIFERENTE a la que conoces hasta hoy, no es necesario que revivas experiencias que te dolieron en la infancia o en otra etapa de tu vida suéltalo, ya basta!!! Comienza a actuar!!! A vivir!!! Una vez que sales del círculo de la violencia tendrás que recuperar las perdidas emocionales, psicológicas y físicas.
DECÍDETE A RECUPERAR TÚ VIDA…
Bibliografía
Galván Reyes GabrielaHernández Rodríguez Cristina
Solís Flores Josefina
Vargas Vázquez Carolina.

